SABIDURÍA CABALISTICA


"Ei'ze'hu cha'cham?
Ha'ro'eh et Ha'no'lad.



¿Quien es una persona sabia?
Aquella que ve las cosas que están por venir (o por nacer).


Cuando el sabio esta frente al Nolad reconoce su potencialidad aunque sea solo la semilla.

El sabio, sin prisa, esta siempre anticipado.

El sabio es el que puede conservar un estado de satisfacción permanente.











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viernes, 1 de julio de 2016

ALQUIMIA: NUESTRO ORO


En la simbología alquímica Nuestro Oro es sinónimo de Azufre Alquímico. Quien refirió esto fue Filaleteo en La Entrada Abierta al Palacio Cerrado del Rey, Editorial 7 1/2, S. A., Barcelona, 1979. Pero antes de proseguir vamos explicar el significado en alquimia del término Azufre. «La base de la teoría hermética es la unidad de la materia. Ella es una pero puede tomar distintas formas y, en estas nuevas formas, combinarse y producir nuevos cuerpos. La materia es compuesta de dos principios Azufre y Mercurio, que pueden ser combinados en diversas proporciones formando nuevos cuerpos. Basilio Valentín, le añade un tercer principio, que es la Sal. Así, el Azufre en un metal, significa el color y la combustibilidad.» En Theories & Symboles des Alchimistes, Albert Poison, Éditions Traditioneles, Paris, 1981. 

Ireneo Filaleteo en el Capítulo XI, de La Invención del Perfecto Magisterio, XI, dice: «De allí salió el Mercurio Hermafrodita. Lo pusieron sobre el fuego y en un tiempo de ningún modo largo, lo coagularon, encontrando en su coagulación al sol y a la luna.» 
Quiere esto significar, en nuestro modesto entendimiento, que el mercurio filosófico per se por la acción del fuego, en un vaso cerrado, se coagula en Azufre alquímico del Sol o de la Luna conforme fue preparado por el regulo Solar o Lunar. En el Capítulo XIII, Del Empleo de un Azufre Maduro en la Obra del Elixir, XIV: «Este azufre desempeña en nuestra obra el papel de macho, y cualquiera que aborda sin él el arte transmutatorio no tendrá éxito nunca, afirmando todos los Sabios que no se puede hacer ninguna tintura sin Latona, siendo este bronce sin lugar a dudas el Oro que ellos llaman así...» Y en el Capítulo XV, De la Purgación Accidental del Mercurio y del Oro, III: «El mercurio tiene verdaderamente una gran necesidad de una purgación interna y esencial, que consiste en la adición gradual de un azufre verdadero, conforme el numero de Águilas: entonces está purgado radicalmente. Este azufre no es otra cosa que nuestro oro...» 


Sabemos que en la vía de las amalgamas el Azufre es extraído del oro o de la plata fundidos con el regulo marcial que en la destilación de la amalgama es incorporado poco a poco en el mercurio filosófico. En la versión húmeda de Filaleteo, el mercurio filosófico como contiene en su seno el azufre Solar o Lunar por la coagulación per se se transforma en Azufre filosófico. En la vía seca del antimonio el azufre alquímico es extraído del Caput mortum después de lixiviado, calcinado y sublimado. En esta obra el azufre alquímico es introducido por Marte que fue utilizado en la preparación del regulo marcial. Es una operación muy delicada que exige del operador el conocimiento exacto del modus operandi. También en la vía de Flamel, que tal como la vía de Filaleteo es una vía de las amalgamas, el cocimiento de la amalgama produce el azufre filosófico que es retirado del matraz conforme es producido. 


En Las Doce Claves de Basilio Valentín, el azufre es extraído del oro como él explica en la Tercera Clave y en el Ultimo Testamento. Además, en la vía del Vitriolo también descrita por el Maestro en el Ultimo Testamento, el azufre alquímico puede ser extraído del vitriolo en la forma de aceite rojo muy pesado. En la vía húmeda de Kamala-Jnana el azufre alquímico es obtenido luego en inicio en la Separación por medio del fuego secreto a partir del sujeto mineral. Podríamos referir otros casos que nos definen claramente la necesidad de un Azufre alquímico que, conjuntamente con el Mercurio filosófico forman la llamada Rebis, Hermafrodita o Andrógino, esto es, una materia filosófica simultáneamente macho y hembra. Por eso hallamos extraño que en la descripción de una obra alquímica de un autor moderno después de la preparación del mercurio filosófico llamado «Azoth» se refiera a la conjugación del indispensable azufre alquímico con el designado Azoth para la formación de la Rebis, con uno de los elementos que forman el Fuego Secreto al cual designa por analogía con Filaleteo, «Nuestro Oro» o sea, en la terminología del gran Adepto, Azufre filosófico. En nuestro modesto entendimiento, esta materia muy común y bien conocida porque es usada diariamente en nuestras comidas, nada tiene a ver con el azufre alquímico designado por los Maestros y, por eso, este procedimiento no se corresponde con ninguna obra alquímica conocida y, no nos parece que tenga sentido. Es probable que la conjugación del tal «Azoth» con un verdadero Azufre alquímico hasta extraído con ingenio y arte del propio Caput de un Águila, a la semejanza de la obra de Basilio Valentín en la vía del Vitriolo, cumpla sus funciones, transformando el compuesto en una verdadera Rebis que, cocida en un huevo filosófico per se en un horno y en baño de arena, pueda permitir la muerte alquímica del compuesto o sea, el Cuervo en el régimen de Saturno y, así por delante, hasta el régimen del Sol, en cocción continua, apenas con la aplicación de un calor adecuado para cada régimen.

miércoles, 1 de junio de 2016

La Sal, al Azufre y el Mercurio



La sal es la sustancia de las cosas, y el principio fijo de todo lo existente. La sal obra sobre el azufre y el mercurio, y estos últimos la hacen volátil como ellos. La sal en recompensa los coagula y los fija. La sal disuelta en un licor adecuado, disuelve las cosas sólidas y les da consistencia. La sal disuelve nuestros metales, nuestros cuerpos lunares envueltos en el ego para elaborar con ellos nuestro sol interno en forma de un niño de oro. La sal disuelve y coagula todas las cosas. La tierra es de la naturaleza de la sal, y por ello se disuelve en el agua, y se coagula en el agua. Los continentes salen de las aguas saladas de la mar, y vuelven al mar. Nuestra tierra filosófica, es decir, nuestro cuerpo humano, debe reducirse a las sales seminales, para elaborar con esas sales nuestros cuerpos solares, cuerpos conscientes, luminosos. El azufre es un principio grasoso y aceitoso que une a la sal y al mercurio indisolublemente. El azufre tiene parte de la solidez de la sal, y parte de la volatilidad del mercurio. El azufre coagula el mercurio asistido poderosamente por la sal. El mercurio es un licor espiritual aéreo y raro. El Mercurio es el águila volante de la Filosofía. El Mercurio es nuestro Caos. El Mercurio es nuestra simiente. La sal se halla en la orina y en el sudor. El azufre abunda en las grasas y en las axilas. El Mercurio en la sangre, Médula, humor acuoso, hueso, músculo, etc. Los principios de todos los metales (nuestros cuerpos internos) son: la Sal, el Mercurio y el Azufre. El Mercurio solo, o el Azufre, o la Sal sola, no podrían dar origen a los metales, pero unidos dan nacimiento a diversos metales minerales. Es, pues, lógico, que nuestra conciencia debe tener Inevitablemente estos tres principios. 

El FUEGO es el Azufre de la Alquimia; el Mercurio es el Espíritu de la Alquimia; la Sal es la maestría de la Alquimia. Para desarrollar los valores del ser y utilizar sabiamente nuestras energías creadoras, necesitamos inevitablemente de una sustancia donde la Sal, el Azufre y el Mercurio se hallen totalmente puros y perfectos, porque la impureza y la imperfección de los compuestos se vuelven a encontrar en el compuesto. Empero, como a los metales (nuestros cuerpos internos) no se les puede agregar sino substancias extraídas de ellos mismos, es lógico que ninguna sustancia extraña pueda servirnos, por lo tanto dentro de nosotros mismos tiene que encontrarse la materia prima para nuestro trabajo interno. Esta materia prima para el trabajo íntimo, es la simiente de nuestras glándulas sexuales. Con nuestra ciencia y mediante el FUEGO, transformamos esta maravillosa sustancia, para que al final del trabajo, sea millones de veces más perfecta. Con esta maravillosa sustancia elaboramos los valores del ser y utilizamos sabiamente nuestras fuerzas creadoras. En las minas vemos como los elementos groseros se van transformando con el calor, hasta convertirse en Mercurio. Vemos en las minas el Fuego, transformando las grasas de tierra, en azufre. El calor, actuando sobre estos dos principios, engendra, según su pureza o impureza, todos los metales de la Tierra. Por medio de la cocción incesante, la Naturaleza produce y perfecciona todos los metales de nuestro planeta Tierra. 

Rogerio Bacon dijo lo siguiente: “¡Oh, locura infinita! ¿Quién lo preguntó, quién nos obliga a querer hacer la misma cosa con la ayuda de procedimientos raros y fantásticos?”. Ciertamente, queridos amigos, es muy cierta aquella frase de Rogerio Bacon: “Naturaleza contiene a Naturaleza, Naturaleza se alegra con Naturaleza, Naturaleza domina a Naturaleza y se transforma en las demás Naturalezas”. 
Los ángeles no se hacen con teorías de hombres, ni con Teosofismos, Rosacrucismos o Espiritismos. Los ángeles son naturales, no artificiales. Naturaleza contiene a Naturaleza, y en nuestra naturaleza humana está la materia prima, con la que podemos trabajar en nuestra propia regeneración. Es preciso cuidar nuestra sal es decir nuestro organismo físico, nuestro mercurio o sea nuestra simiente y nuestro fuego que habita en cada uno de nuestros átomos y no cansarnos de ello". Los viejos alquimistas dicen: "Que vuestro fuego sea tranquilo y suave, que se mantenga así todos los días, siempre uniforme, sin debilitarse, si no eso causará un gran perjuicio". El Fuego se debilita y hasta se extingue, cuando abusamos de nuestra simiente, en adulterios, violaciones, pasiones incontroladas, etc. Entonces se fracasa en la sabia mezcla de nuestra sal, azufre y mercurio, entonces nos estancamos en el proceso de transformación humana.


domingo, 1 de mayo de 2016

ALQUIMIA, TRIA PRINCIPIA (LOS TRES PRINCIPIOS): Azufre, Mercurio y Sal







Con respecto a los elementos en relación con los tres principios, Sendivogius dice: "Los tres principios surgen de los cuatro elementos de la siguiente manera: la naturaleza, cuya fuerza reside en la subordinación a la Voluntad de Dios, fijó al principio que los cuatro elementos debían actuar continuamente entre ellos; por tanto, en cumplimiento de tal orden, el fuego empezó a actuar sobre el aire y produjo azufre; el aire actuó sobre el agua y produjo mercurio; el agua, mediante su actuación sobre la tierra, produjo sal. Solamente la tierra, que no tiene nada más sobre lo que actuar, no produjo nada, pero se convirtió en la nodriza o en la matriz de estos tres principios". 
Por eso Hermes dice: "La tierra es la madre de los elementos; de ella proceden y a ella vuelven". 

*NOTA: Aquí hay que considerar el nivel de significado y el aspecto, junto con el contexto, que se trata al mencionar estos tres principios, que no se refieren de ninguna manera a las substancias químicas que conocemos, sino a cualidades (caraterísticas) presentes en toda materia. Así, hay que tomar en cuenta, por ejemplo, que el azufre debe considerarse en un contexto cuando un alquimista dice algo como: "el Azufre de los Sabios", en otro cuando dice: "nuestro azufre" (se refiere al azufre transformado por métodos artificiales, o sea perfeccionados por medio del arte), y en otro contexto más cuando señala: "el Azufre de los Filósofos". Aquí se refiere a la jerarquía iniciática e, implícitamente y bajo el velo de la metáfora, a los niveles de significado de los que ya hemos hablado antes. Ahora, generalizando un poco, hablaremos de los Tres Principios como se entienden en la Gran Obra: 

AZUFRE. "El Oro es la Imagen del Sol, y el Sol es la imagen de Dios"--Syrgenus "El Sol interior tiene hambre del Sol exterior"--Jakob Böehme 

Los Filósofos dicen que dentro del Oro alquímico, yace este principio fundamental: sulphur, el azufre. Y el azufre es de dos clases, de doble naturaleza. El azufre blanco es la esencia vital en el hombre, la chispa divina que vivifica al Alma; es la latens deitas, la divinidad latente, como le llamaba Santo Tomás de Aquino (que además de ser un Filósofo consumado en la Filosofía mundana, también lo era en la Filosofía Divina). Es el oculto potencial del Inefable manifiesto en el hombre, el "Dios Interior", como lo han nombrado muchos de la tradición occidental; es la Piedra Filosofal latente que debe ser manifestada de forma potencial, en toda su plenitud (pleroma). Ahí, en el oculto templo del Alma, en lo profundo de la "Cueva del Corazón", arde el fuego que nadie puede consumir, el Fuego inmutable en el que Dios arde en divino Amor. Ahí, en medio del lugar donde se escucha la Voz del Silencio, arde la Luz Interna en medio de la obscuridad, la Inmanencia divina, el Sol interno. Esto último, precisamente, es la razón de que a la Alquimia se le llame: "Obra del Sol" en la Tabla de Esmeralda. Por otra parte, el azufre impuro, llamado también azufre rojo, es el ignis gehennalis--el fuego del infierno--que yace en el centro de la materia. Es el oculto azufre, el fuego secreto que dota de vida a todo lo que se manifiesta en una forma definida. Es la electricidad cósmica, el principio universal de la vida, la energía consciente que toma la forma de todas las cosas y las construye desde adentro. También, en el nivel psíquico, es el ego, el centro de la conciencia donde se comprimen y concentran todos los defectos psicológicos y muchos complejos que son los resultados de la construcción imperfecta y al azar de la personalidad, la cual recibe impresiones del ambiente y de la sociedad, que no siempre son para su bien y para su evolución. Pero desde luego que el ego no es malo del todo: el que esté caído no indica que sea maligno (moralmente hablando), y el que esos complejos estén ocultos en la obscuridad, porque han sido negados por la conciencia, no implica que sean malos, aunque sean corruptos (impuros). Lucifer es el ángel caído, pero conserva el recuerdo de su Gloria (Luz) perdida, y los demonios en sí mismos conservan el recuerdo latente de su dicha cuando fueron ángeles de luz. "Hasta en la obscuridad brilla la Luz", y el logro de purificar el azufre impuro es haber descubierto esta luz y haberla manifestado potencial y actualmente (como acto). Entonces, el azufre blanco es el azufre rojo purificado, al final de la Gran Obra, cuando el ego se convierte en el fiel siervo (imagen perfecta) del Yo Soy, que es el Rey por derecho. Entonces, el Santo será restaurado a su Trono, y el dictador (el ego) será derrocado al fin, cediendo su lugar como soberano al Rey legítimo. La chispa de fuego al fin se encontrará a sí misma en el Gran Fuego, y la gota de agua se reconocerá a sí misma en el océano, tal y como al principio ella reconoció al océano en ella misma. El ser se reconocerá como el SER. En suma, el Azufre es el omnipresente espíritu de la vida (spiritus mundi), reconocido primero en su forma bruta, y sublimado posteriormente. 


SAL. "Vosotros sois la Sal de la Tierra...y si la Sal perdiere su sazón, ¿quién la sazonará?"--Yeshua ben Josef, verbum magistri. "Quien conoce la Sal y su solución conoce el oculto Secreto de los antiguos Sabios. Dirige, pues, tu mente a la sal, ya que en ella, que es Una (parte del Uno, de la Mens, del Espíritu), está la ciencia y los principales y más ocultos secretos de todos los antiguos Filósofos"--Rosarium Philosophorum. 

Heinrich Khunrath dice que la sal no es sólo el centro físico de la tierra, sino que además es, al mismo tiempo, la sal sapientiae, de la que sostiene que es un secreto tan importante el que oculta, que por eso el operador debe fijar su atención en esa sal, y mantener su enfoque en ella, como centro del impulso de lo que luego habrá de manifestarse. "Por eso, pon tu ánimo, sentido, razón y pensamientos solamente en esa sal", dice. Entonces, damos una explicación más clara: La Sal, en su forma bruta, es la substancia que cristaliza la energía en los cuerpos, condensándola para que algo pueda manifestarse como un agregado de moléculas, conformando así una forma "física"; esto es, tangible en un nivel más o menos concreto. Así, en otro aspecto más elevado, además de ser la forma cristalina o la energía cristalizada, la Sal también es símbolo de Sabiduría y conocimiento (sobre todo, conocimiento de uno mismo, o sea lo que se ha venido llamado Conciencia). Y como esta conciencia, obviamente, es la conciencia de uno mismo (del Ser o Sí mismo, como Jung le llamó), a Cristo (como cuando se habla de la conciencia crística, de la conciencia de unidad universal a la que la Sabiduría que todo lo sondea nos permite llegar) se le ha llamado simbólicamente la Sal de la Sabiduría. "La Sabiduría se gesta en el Silencio; y ésta, a su vez, gesta el Amor", ha dicho Hermes en el Corpus, y también: "Te doy Amor, en el cual está contenido el súmmum de la Sabiduría". Aquí cabe señalar que cuando los Alquimistas hablan de Amor, Fe, Gracia, Verdad, Virtud, Voluntad...y otras cualidades semejantes o virtudes, se refieren a substancias muy reales. Hay que saber que el mundo de Abajo es un reflejo del mundo de Arriba, y siendo así, ocurre algo muy similar a lo que sucede con la imagen reflejada en un espejo y con el reflejo de ésta: el reflejo describe a la imagen de forma invertida. Usando el principio hermético de correspondencia, eso pasa en la Creación: lo que en un mundo es tangible, concreto, en el otro es abstracto y viceversa. Así, en este mundo físico, las cualidades y virtudes pueden ser consideradas como algo abstracto...algo que apenas puede considerarse con ayuda de la más alta elevación del Alma durante los arrebatos de la Imaginación. Pero en los mundos superiores, son substancias muy reales y tangibles: casi "físicas", podríamos decir. Así, lo que la gente en su mayoría cree que es algo abstracto, en realidad es una fuerza operante en el cosmos que puede ser usada. Más adelante hablaremos de esto con mayor claridad. Regresando a lo que ahora nos ocupa, debemos señalar que al principio de la Gran Obra, la Sal es llamada impura. En este punto, se refiere a la tierra (lo sólido y físico), al cuerpo y a la conciencia o forma de ser, actuar y reaccionar que la mayoría de las personas manifiestan en su vida diaria. Entonces, la sal impura tiene que ser disuelta para que sus propiedades originales puedan ser liberadas; cuando esto se ha logrado, se dice que la sal ha sido purificada. La Sal de los Filósofos también es un símbolo del Segundo nivel de la Obra, conocido como Albedo (la Obra en Blanco). Durante este nivel, la Sal emerge en su forma pura, y es fijada o cristalizada en una Sal pura. Así, la Sabiduría, anunciada por la Aurora (hora dorada, aurea hora), se anuncia a sí misma al amanecer, en la claridad del alba. Hablaré de Sophía (la Diosa de la Sabiduría, que es el arquetipo del Alma racional), del Albedo (segundo nivel de la Obra) y de las cualidades del Alma en su triple constitución, más adelante. Finalizando, como símbolo de la Sabiduría, la Sal es el aliento de la energía divina. Y esta Sabiduría vivifica el fuego que da energía a toda la naturaleza. Es este fuego el que controla la vida, el movimiento, la energía, el curso de los cielos (esferas) y los planetas. Paracelso le llamó a este fuego "lumen naturae", la luz de la naturaleza, que es el Anima Mundi, el Alma del Mundo. Heinrich Khunrath dice al respecto: "Esta Luz es la verdadera luz de la naturaleza, que ilumina a todos los Filósofos amados por Dios que vienen a este mundo. Esa Luz está en el mundo y por obra suya todo el edificio del mundo se hace exquisito y hermoso, y también se mantiene natural, por la luz, hasta el último y gran Día del Señor; pero el mundo no lo reconoce: y esto se ve ante todo en la grande y católica piedra de los Sabios que todo el mundo tiene ante sus ojos y que sin embargo nadie conoce." Con respecto a esto, cabe señalar que en muchos textos alquímicos, la Sal es representada como una piedra cúbica, y es esta piedra sobre la cual ha de edificarse todo el Templo de la Sabiduría Divina. En las escrituras, el Gran Maestro Alquimista, arquetipo de los Sabios de occidente, dice: "¿No habéis leído nunca aquello de la Escritura? «La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esa la ha puesto el Señor: ¡Qué maravilla para nosotros!» Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos. Además, el que caiga sobre esa piedra se estrellará y si ella cae sobre alguno, lo hará trizas." Y esta piedra es precisamente la Piedra Filosofal. "Y la Piedra es el Cristo". Por eso Pedro les habla a los fieles de la Iglesia, refiriéndose a Cristo como Piedra Viviente, desechada por los hombres. Más adelante hablaré de la relación entre los arquetipos del Ser (Buddha, Cristo, Krishna, etc) y la Piedra Filosofal, además de lo que tiene que ver la verdadera religión con las instuticiones religiosas--y también de lo que NO tiene que ver. 



MERCURIO

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--tomado de "Las enseñanzas de Lucifer" de Friedrich von Licht. 


Ahora entramos a la cámara secreta de la sabiduría antigua. Este es el principio que encierra en sí mismo la unidad de los otros dos; el fuego que da vida a los demás fuegos que operan a lo largo de la Obra. Aquellos que saben escuchar, continúen leyendo, pero aquellos que prefieren seguir creyendo en fábulas, tomándolas literalmente y al pie de la letra, será mejor que lean otro artículo, a menos claro que deseen comprender lo que encierran esas fábulas que atesoran con tanto ahínco. Los Filósofos dicen que el mercurio es el azufre blanco de los Sabios; pero también se refieren a Lucifer como el aspecto "caído" del mercurio; esto es, oculto en medio de la obscuridad y de las profundidades de la materia. Aquí hay que tener en cuenta que en el cosmos, tal cosa denominada "mal" no existe, y por consiguiente las personificaciones del mal, menos. En el cosmos, la obscuridad es la que engendra la Luz (en otras palabras más claras: la obscuridad es la luz latente, inmanifiesta todavía); es del Caos primordial de donde surgió todo lo creado, y la Luz Absoluta es la Obscuridad Tres Veces Radiante de la Nada (Ain, el Vacío). Incluso en el mundo físico, lo que vemos como obscuridad no es más que una luz que está en una frecuencia más elevada que aquellas que podemos percibir naturalmente (y los que han visto en el esquema del espectro electromagnético el rango de frecuencias visibles por el ojo humano, verán lo limitado que es, pues está justo en medio del espectro). Así, usando el principio hermético de correspondencia nuevamente, comprobamos que sea en un plano o en otro de la existencia, la luz siempre se manifiesta en distintos niveles de vibración, y nuestro vehículo de consciencia en turno, que es el que nos permite experimentar la realidad en cada uno de los mundos y planos, debe ajustarse a esa vibración para que pueda percibir la luz en cuestión y todo aquellos objetos que esta luz da a conocer a la conciencia (hablaré del simbolismo de la luz, de la conciencia, de los objetos y de la Alquimia Mágica--que se ocupa de esto--más adelante). La Luz Absoluta se vislumbra como obscuridad porque su vibración está más allá de las frecuencias de la luz espiritual, incluso; por eso, hasta los ángeles más elevados la perciben como obscuridad (y según los Filósofos, sólo el Inefable puede contemplar esta luz, porque todo el que la contempla muere--hablaremos de este simbolismo posteriormente). Es una Luz que sólo el octavo de los Elohim ha visto; y precisamente el hecho de que éste (que es el mayor de los Dioses y el primer inmortal creado y surgido del Caos) haya logrado vislumbrarla, le ha dado el epíteto de "Dios Ciego" para la posteridad. Sammael (que nada tiene que ver con Satán, aunque muchos digan lo contrario), con todo derecho ha sido nombrado: "Aquél que ve la Luz de Dios" (que es el significado real de su Nombre) porque aquel que contempla esa Luz muere para sí mismo, como conciencia, ser o entidad separada, y desde ese momento sólo contempla esa luz en todo y en todos, siendo él mismo parte de la luz, que entonces se proyecta desde su misma conciencia, fluyendo desde su interior como la fuente de la vida que fluye del corazón. Y esta Luz, la Lux Obscura, como también ha sido llamada, es la forma del mercurio sublimado y exaltado hasta su punto más alto; es el vehículo de la Mens divina (Mente superior, Espíritu, Conciencia--en el sentido hermético) y, como el aire en el mundo físico, el medio de propagación universal. Se habla de Lucifer, cuyo nombre significa "Portador de Luz" en lenguas semíticas, y "Portador de la Flama Obscura" en la Lengua Sagrada Y este Lucifer era, en la mitología de la antigüedad, un ser de luz; en la antigua persia era equiparado con Ormudz, Señor de la Sabiduría y Dios del Bien y de la Luz...hasta que el fraile Hyeronimus malinterpretó un versículo de Isaías, donde el profeta denuncia la iniquidad de un pecador rey de Babilonia: "¿Cómo has caído del cielo, lucero de la aurora, y estás derrumbado por tierra, conquistador de las naciones?". Desde entonces, se consideró a Lucifer el mismo dragón del cielo que es precipitado junto con sus ángeles por el arcángel Miguel durante la gran batalla en los cielos, según narra el apocalipsis (apocalipsis significa "revelación de la verdad", y no destrucción). Y con esta interpretación, todo entró en confusión para las mentes de los hombres. En Alquimia, Lucifer es asociado a los metales impuros, contaminados por el azufre bruto, lo que significa que el ser de luz dentro de nosotros está contaminado por lo que se llama basura psicológica, que es lo que los alquimistas llaman superfluidades, escorias, desperdicios, causadas por el mismo hombre. Mercurio y Lucifer son uno y el mismo. Le llamamos mercurio cuando es puro, cuando es el azufre blanco, el fuego del cielo. Como "spiritus" da la vida, y como "spiritus sapiens" enseña la Gran Obra al Alquimista. Entonces, Lucifer es el mercurio impuro; Lucifer es la estrella de la mañana caída del cielo dorado. Descendió a la tierra y ahora está presente en todos los humanos en forma de mercurio mezclado con elementos impuros. Se disolvió en azufre y sal y está "atado" y obscurecido por el lodo negro. Es la conciencia del Yo caída en la conciencia del ego, pero presente en ella, aunque oculta, sin embargo. Lucifer representa nuestra conciencia de día a día; todos aquellos complejos, tanto psicológicos como traumas de otra clase, con los que hemos nublado nuestra conciencia pura, el Mercurio. Las impurezas presentes no permiten que la luz se filtre bien y entonces se distorsiona, presentando ante nuestra conciencia la ilusión que los alquimistas llaman "azufre rojo". Y es una ilusión porque nosotros somos los que hemos creado las impurezas, y entonces el Lucifer, equiparado a la imagen popular del diablo, no puede existir por sí mismo sin el mercurio, ya que no es más que una imagen distorsionada de este mercurio. Entonces este azufre rojo es el velo que nos impide ver con claridad la Luz de la Verdad que brilla detrás de las apariencias, el impulso divino detrás de la manifestación obscurecida, la Luz pura que brilla en la aparente obscuridad, el Bien que está detrás del aparente mal...todo implícito en la Realidad Absoluta, donde sólo el Bien y la Verdad existen. La Luz Eterna es la Gloria Radiante que brota del Rostro del Inefable. Los Alquimistas dicen que toda manifestación es un templo luminoso de Dios porque todo está iluminado por esa luz, que es lo que llamaron Primera Materia (Prima Mater universalis). Por ello, también dicen que el mercurio es "el espíritu de la verdad oculto en la tierra". Y el espíritu descendió a las profundidades de la materia para iluminarla desde adentro y que ésta deviniera en su imagen y semejanza. Por eso, el mercurio es el fuego que actúa de forma invisible y secreta, perfeccionando la materia gradualmente. Es el espíritu del hombre descendiendo a las profundidades del ego para trabajar con los aspectos obscurecidos, corruptos y no regenerados de la personalidad; así, siendo el fuego que quema los aspectos inferiores del ser para purificarlos y transmutarlos (transformarlos en uno de sus aspectos más elevados), es llamado el fuego consumidor y el fuego que purga. Mercurio es el principio y el final de la Obra, empezando como Prima Materia, que es el Azoth de los Sabios, y terminando como Piedra Filosofal, como el oro filosófico.

Fuente:
Autor desconocido
http://www.libroesoterico.com/biblioteca/HERMETISMO/EXTRACTOS%20ALQUIMICOS.pdf

martes, 1 de marzo de 2016

LOS ALQUIMISTAS DEL ISLAM

 «Entre los antiguos alquimistas, el azufre rojo designaba la materia capaz de transformar la plata en oro. Tal expresión es frecuentemente utilizada en el léxico del sufismo para aludir a la excelencia del grado espiritual alcanzado por el "santo" (walí). El propio Ibn ‘Arabí es calificado muchas veces de al-Kibrit alAhmar ("Azufre Rojo") por sus discípulos y sus seguidores» 
"Ibn ‘Arabi o la búsqueda del azufre rojo", 
Editora Regional de Murcia, Murcia, 1996). Claude Addas, islamóloga francesa. 



La alquimia es una de las ciencias tradicionales del Islam. Durante mucho tiempo fue designada con el mismo término que la química propiamente dicha (al-kimiyya en árabe), antes de que ésta se convirtiera en una ciencia "exacta". La alquimia está vinculada a una interpretación mística y alegórica del desarrollo espiritual del hombre, lo que no le impide mantener un territorio común con la química en su tentativa de conocer la constitución de la materia a través de la trasmutación de los elementos (cfr. Serge Hutin: La alquimia, Eudeba, Buenos Aires, 1962; Mircea Eliade: Herreros y alquimistas, Alianza, Madrid, 1974; Pierre Lory: Alchimie et mystique en terre d’islam, Verdier, Lagrasse, 1989; Alexander Roob: Alchemy & Misticism, Taschen, Köln, 1997).

La alquimia tuvo su origen en el Egipto helenístico y llegó a la cúspide de su popularidad en el Irak del siglo VIII con Ÿabir Ibn Hayyán. Los alquimistas musulmanes alcanzaron nuevas técnicas para el tratamiento de los metales y lograron valiosos descubrimientos científicos. Mejoraron las dos principales operaciones químicas de calcinación y reducción así como los métodos de evaporación, sublimación, combinación y cristalización. Introdujeron nuevos elementos y sustancias como el antimonio (itmid), el arsénico (zirniÿ), rejalgar (rahÿ al-gar), bórax (bauraq) y alcalí (al-qilí). También fueron los responsables de la introducción de utensilios como los alambiques (al-inbiq). Ÿabir Ibn Hayyán El alquimista más famoso del Islam fue Abu Musa Ÿabir Ibn Hayyán al-Azdí (721-815), el Geber de los latinos. Era un sabio originario de Kufa (Irak), hijo de un botánico, que vivió un tiempo en Tus (Jorasán, Irán), donde estableció un laboratorio. Convertido en uno de los alquimistas de la corte de Harún arRashid (763-809), conoció tanto la desgracia como el favor de los poderosos visires barmakíes. Según el alquimista Aidamur al-Ÿaldakí, Ÿabir fue discípulo de por los menos dos de los santos imames de la escuela duodecimana o shií, el VI Imam Ÿa’far as-Sadiq (702-765), y el VIII Imam Alí ar-Rida (765-818), la Paz sea con ellos. Autor de 500 trabajos sobre las más diversas materias, sólo 80 han llegado hasta nosotros. Los más conocidos son «Los Setenta Libros» (Kitab al-Sab’in) y «El Libro de la Balanza» (Kitab al-Mizân), «El mercurio oriental» (al-Zi’bak alSharkí), «El libro de la gloria» (Kitab al-Maÿid), «El libro de la reunión» (Kitab al-Taÿammu) y «El libro puro» (al-Kitab al-Jalís). Ÿabir fue considerado el más grande alquimista de Oriente y Occidente. En cuanto al aspecto práctico, Ÿabir describió los métodos perfeccionados para la evaporación, filtración, sublimación, fusión, destilación y cristalización. Detalla cómo se preparan muchas sustancias químicas, por ejemplo, el cinabrio (sulfuro de mercurio), el óxido de arsénico y otros. Conoció el procedimiento para obtener vitriolos, alumbres, álcalis, sal, amoníaco y salitre casi puros, así como el llamado «hígado» y «leche» de azufre, calentando el azufre con un álcali y cosas análogas. Preparó perfectamente el óxido de mercurio puro y el sublimado, así como acetatos de plomo y otros metales, algunas veces cristalizados. Conoció la obtención del ácido y ácido sulfúrico en crudo, así como la mezcla de ambos (el agua regia) y la solubilidad del oro y de la plata en esta clase de ácido. Una nueva sustancia química, desconocida para los griegos, que aparece en los trabajos de Ÿabir, es la sal amoníaco.

Yabir Ibn Hayyan




Ÿabir Ibn Hayyán sugirió la idea de que «si el átomo pudiera ser dividido podría liberar una fuerza suficiente para destruir una ciudad del tamaño de Bagdad», lo cual fue el primer anticipo de la teoría atómica desarrollada a partir de John Dalton (1766-1844) hasta Albert Einstein (1879-1955). La traducción del corpus ÿabireano del árabe al latín ejerció una profunda influencia en alquimistas europeos de la talla del monje franciscano Roger Bacon (1214-1294), San Alberto Magno (1193-1280), Ramon Llull (1235-1315) y, más tarde, Nicolás Flamel (1330-1418), influencia que se prolongó de hecho hasta el siglo XVII. El investigador y arabista alemán Paul Kraus (1904-1944), discípulo del historiador de las ciencias naturales Julius Ruska (1867-1948), que publicó una obra monumental sobre Jabir ibn Hayyân, Contributions a l’histoire des idées scientifiques dans d’Islam (vols. 44 y 45, Memorias del Instituto de Egipto, El Cairo, 1942-3), señala:

«La alquimia que se conoce bajo el nombre de Ÿabir es una ciencia experimental, basada sobre una teoría filosófica que en gran parte deriva de la física de Aristóteles. Ningún escrito alquimístico del Islam presenta un conocimiento tan vasto de la literatura antigua, y posee un carácter tan enciclopédico como éstos. En esto ellos pueden compararse con las Epístolas de los "Hermanos de la Pureza" que, por lo demás derivan de las mismas fuentes» (cfr. E.J. Holmyard: The Arabic Works of Jabir ibn Hayyan, París, 1928; Henry Corbin: "Le livre du Glorieux" de Jabir ibn Hayyân, —EranosJarbuch, XVIII—, Zurich, 1950; Yves Marquet: La Philosophie des alchimistes et l'alchimie des philosophes: Jabir ibn Hayyan et les Ihwan al-Safa, Maisonneuve et Larose, París, 1988).

Dice Ibn Jaldún:
«De todos aquellos autores, al que los alquimistas consideran como el gran maestro del arte es a Djabir Ibn Haiyan; inclusive denominan a la alquimia "la ciencia de Djabir"»
(cfr. Ibn Jaldún: Al-Muqaddimah. O. cit, pág. 947). Los Hermanos de la Pureza Los Ijuán al-Safa (en árabe: "Hermanos de la Pureza") fueron una sociedad de filósofos y científicos musulmanes de la escuela shií que se establecieron en la ciudad de Basora hacia 983. Su obra conocida son las 52 Rasâ’il ("Epístolas"), de las cuales 14 tratan de matemáticas y de lógica, 17 de ciencias naturales y de psicología, 10 de metafísica, y 11 de alquimia, mística, astrología y música. A diferencia de los escritos de Yabir que están llenos de frases herméticas y significados ocultos. Las Epístolas de los Hermanos de la Pureza, verdadera enciclopedia, siempre tratan de ser comprensibles al lector no iniciado.

En un texto, muy influyente en los ámbitos intelectuales de la Zaragoza musulmana de principios del siglo XI, se decía de ellos:

«No se satisfacen con la ignorancia y no descansan sino después de haber hecho el esfuerzo por abrazar la totalidad de las ciencias...; de esta manera logran conseguir la facultad humana por excelencia y, por ello, les hemos llamado Hermanos Virtuosos»
(J. Lomba Fuentes: La filosofía islámica en Zaragoza, D.G.A., Zaragoza, 1987). Véase R. Netton: Muslim Neoplatonists. An Introduction to the Thought of the Brethren of Purity, Londres, 1942; Yves Marquet: La Philosophie des Ihwan as-Safa, thèse soutenue en juin 1971, S.N.E.D., Argel, 1975; Alessandro Bausani: L'Enciclopedia dei Fratelli della purita. Riassunto, con introduzione e breve commento dei 52 trattati o epistole degli Ikhwan as-Safa, Nápoles, 1978. Abdul Latif de Bagdad El polímata Abdul Latif al-Bagdadí (1162-1231), médico, gramático, jurista y teólogo, se consagró también a la filosofía, a las ciencias naturales y la alquimia. Estudió las obras de Hipócrates (460-377 a.C.), Alejandro de Afrodisia (fl. hacia el 200d.C.) y Temistio (317-388). Escribió el Kitab al-ifadah ua-l-i’tibar «La llave oriental» (trad. por Kamal Hafuth Zand, John A. y Ivy E. Videau, Londres, 1965), que combina elementos de alquimia y botánica. De Bagdad pasó a El Cairo. Su «Viaje a Egipto» fue muy conocido en Europa, y traducido al latín, al alemán y al francés.
 En uno de sus escritos, Abdul Latif da estos consejos a aquellos que pretenden adquirir conocimientos:

«Al leer un libro, esforzaos todo lo posible para aprenderlo de memoria y asimilar su sentido. Imaginad que el libro desapareció y que podéis prescindir de él, sin que os afecte su pérdida...Uno debe leer relatos, estudiar biografías y conocer las experiencias de las naciones. De este modo, será como si en el breve lapso de su vida él hubiese vivido contemporáneamente con pueblos del pasado, mantuviese con ellos una relación íntima y conociera las virtudes y los defectos de cada uno...Quien no ha soportado el esfuerzo del estudio no podrá saborear la alegría del conocimiento... Cuando hayáis completado vuestro estudio y vuestra reflexión, ocupad vuestra lengua con la mención del nombre de Dios, y elevad sus alabanzas... No os quejéis si el mundo os da la espalda, pues os distraerá de la adquisición de excelentes cualidades... Sabed que el conocimiento deja una huella y un perfume que proclama a su poseedor; un rayo de luz y brillo que lo envuelve y lo destaca»
(citado por Ibn Abi Usaibía en su Uiún, traducido por G. Makdisi en The Rise of Colleges, Edinburgo, 1981, págs. 89-91). Al-Ÿaldakí Prestigioso alquimista iraní originario de Ÿaldak, aldea situada a unos dieciocho kilómetros al norte de Mashhad, en el Jorasán. Vivió en Damasco y luego en El Cairo, donde murió entre 1349 y 1361. Dejó una quincena de obras relativas a la alquimia, apenas estudiadas hasta ahora, entre ellas el «Libro de la demostración relativa a los secretos de la ciencia de la balanza» (Kitab alburhân fi asrâr ‘ilm al-mizân). En este tratado, Aidamur al-Ÿaldakí explica que la alquimia no se afirma sino en aquellos que poseen un alto conocimiento de la sabiduría (híkma) y dan su asentimiento al mensaje de los profetas. Otro de sus tratados lleva el nombre de Nihayat al-Talib y fue comentado por el místico Ni'mat Allah al-Walí (1331-1431). Véase Titus Buckhardt: Alquimia. Significado e imagen del mundo, Paidós Orientalia, Barcelona/Buenos Aires, 1994.



LOS MATEMÁTICOS DEL ISLAM

  «Mientras Occidente veía de Dios el suave reflejo lunar, Oriente y la España árabe y judía lo contemplaban en su fecundo sol, en su capacidad creadora que vierte sus dones a raudales. El campo de batalla es España. Donde se hallan los cristianos, surge el desierto, donde están los árabes, reverdece la tierra y se convierte en un jardín florido. Y florece también el campo de la inteligencia. Bárbaros, ¿Hay que recordar la vergüenza de que nuestro Tribunal de Cuentas esperara hasta el siglo XVIII para adoptar los números arábigos, sin los cuales el cálculo más sencillo resulta imposible» (Reforme et Renaissance, París, 1885) Jules Michelet (1798-1874), historiador francés.


En el mundo de la cultura clásica musulmana, las matemáticas eran entendidas como una «ciencia de los números» esotérica y como una investigación en la matemática «pura», asociada, entre otras materias, a la óptica, la astronomía, la astrología y la música. En cualquier caso, las matemáticas gozaron de un elevado prestigio y fueron cultivadas por un buen número de grandes personalidades, como al-Kindí, al-Biruní, Avicena, y Omar Jaiám (cfr. R. Rashed: Entre arithmétique et algebre. Recherches sur l’histoire des mathématique arabes, Les Belles Lettres, París, 1984). Al-Juarizmí El conocimiento de las cifras lo obtuvieron los sabios musulmanes de su contacto con los hindúes, que habían desarrollado extraordinariamente las matemáticas, especialmente la aritmética. Hasta ese momento, el siglo IX, la forma de representar cualquier cantidad se hacía utilizando letras, tanto griegas como romanas o árabes. Esta representación con letras no permitía realizar cálculos, por lo que se hacía necesario utilizar para ello un instrumento de cálculo, a base de bolas y alambres, llamado ábaco, que se utilizaría en Europa hasta la Revolución Francesa. Abu Abdallah Muhammad Ibn Musa al-Juarizmí, en un escrito del que desconocemos su título en árabe, pero que su traducción latina nos ha llegado como Algoritmi de numero indorum, da a conocer la utilización de símbolos numéricos, que, colocados en orden y utilizando el cero (en árabe cifr, de donde deriva también "cifra"), permiten realizar operaciones aritméticas. El término guarismo o algoritmo proviene de su propio nombre, al-Juarizmí. A comienzos del siglo XII, el viajero y filósofo inglés Adelardo de Bath tradujo este tratado de al-Juarizmí. El sistema sería desarrollado por Leonardo Fibonacci (1170-1240), hijo de un comerciante de Pisa, discípulo de un profesor musulmán de Bugía (Argelia), y gran viajero en Egipto, Siria y Grecia. De este gran científico que tanto influyó en sus contemporáneos y posteriores, sólo sabemos que nació en la ciudad iraní de Juarizm (hoy la Jiva de la República de Turkmenistán), a fines del siglo VIII; vivió en Bagdad y murió hacia 863. Lo que hizo su nombre inmortal fue el tratado que escribió llamado en árabe Kitab al-muhtasar fi hisab al-ÿabr ua-l-muqabala ("Libro sobre el cálculo, álgebra y reducción"). La obra, muy difundida en el mundo islámico, constituyó toda una revelación en el mundo occidental, posteriormente, con la traducción de Robert de Chester o de Ketton. El escritor musulmán iraní Muhammad Ibn Husain Bahauddín al-Amilí (1547- 1621) dice que, según al-Juarizmí, «la parte -de la ecuación- que contiene una negación se vuelve completa y se agrega la misma cantidad a la otra parte: esto es al-ÿabr (el álgebra). En cambio, las cantidades que son iguales y homogéneas en las dos partes se eliminan: esto es al-muqabala (la reducción)». Sus otras obras conocidas son Kitab al-ziÿ (Tablas astronómicas), publicado por O. Neugebauer como The Astronomic Tables of al-Khwarizmi, Copenhague, 1962, y Kitab surat al-ard («Libro de la configuración de la tierra»), publicado por H. Von Mzik, en 1926. Célebres matemáticos El poeta Omar Jaiám (1048-1132) fue también un gran astrónomo y matemático: resolvió las ecuaciones algebraicas de segundo, tercer y cuarto grado, utilizó el álgebra en geometría y escribió el tratado de las «Cuestiones matemáticas» (Musadarat). Guiazuddín Ÿamshid al-Kashaní (m. 1429), en su «Tratado sobre el círculo», ar-Risalat al-muhitiyyah, precisó la relación de la circunferencia con el diámetro y, por otro lado, estudió las fracciones decimales. En el Magreb, Abu’l-Abbás Ibn al-Banna al-Marrakushí (m. 1321), de Marrakesh, enunció una nueva teoría de la numeración, y el andalusí Abu al-Hasan Alí al-Qalasadí (m. 1486), refugiado en Túnez, redactó varios tratados de aritmética y de álgebra, en los que estudió los números enteros, las fracciones, la extracción de raíces y la resolución de las ecuaciones. En esta obra, Jaiám afirma conocer una regla para calcular las potencias enteras de un binomio. Si así fuera, se habría adelantado al renombrado cientifico, filósofo y matemático francés Blaise Pascal (1623-1662) en más de cinco siglos. El sucesor de Omar Jaiám fue Sharafuddín at-Tusí (segunda mitad del siglo XII) redactó la obra «De las ecuaciones», donde plantea los problemas de localización y de separación de las raíces de la ecuación. Otro persa, el matemático y físico Kamaluddín Abu al-Hasan al-Farisí (muerto hacia 1320) comentó la obra de Alhazen (ver aparte) y le añadió contribuciones originales. También demostró el teorema del famoso matemático Tabit Ibn Qurrá (836-901). El análisis de las conclusiones de al-Farisí y de los métodos aplicados muestra que ya en el siglo XIII se había llegado en el mundo islámico a un conjunto de proposiciones, de resultados y de técnicas que equivocadamente se habían atribuido a los matemáticos del siglo XVII. Las definiciones de Roshdi Rashed El catedrático Roshdi Rashed es director de investigaciones del Centro de investigaciones Científicas (CNRS) de la República Francesa y autor de numerosos trabajos sobre historia de las matemáticas en el Islam. Varios artículos suyos se han reunido en la voluminosa obra Entre arithmetique et algèbre. Recherches sur l’histoire des mathèmatiques arabes ("Entre la aritmética y el álgebra. Investigaciones sobre la historia de las matemáticas árabes", Les Belles Lettres, París, 1984). A continuación transcribimos una de sus respuestas, aparecida en el artículoIntersección del álgebra y la geometría. Preguntas a Roshdi Rashed, revista El Correo de la UNESCO, París, noviembre 1989, págs.36-41): «P. La historiografía política distingue entre Antigüedad, Edad Media, Renacimiento y Tiempos Modernos. ¿Le parece que esta clasificación es aplicable a la historia efectiva de las matemáticas y en particular la contribución árabe? R. Es cierto que se han opuesto las matemáticas "medievales" a las matemáticas "modernas". La primera entidad, que agruparía las matemáticas latinas, bizantinas, árabes, incluso indias y chinas, se distinguiría de otra entidad histórica nacida en el Renacimiento. Esta dicotomía no es pertinente ni desde un punto de vista histórico ni epistemológico. Está claro que las matemáticas árabes son una prolongación y un desarrollo de las matemáticas helenísticas, que efectivamente las alimentaron. Lo mismo ocurre con las matemáticas que se desarrollaron en el mundo latino a partir del siglo XII. Para ajustarnos a los análisis que hemos esbozado, me parece que los trabajos realizados tanto en árabe como en latín (o en italiano) entre el siglo IX y comienzos del siglo XVII no pueden separarse en eras diferentes. Todo indica que se trata de la misma matemática. Para convencernos de ello, hoy en día podemos comparar los escritos de al-Samaw’al (siglo XII), por ejemplo, en álgebra y en cálculo numérico, con los de Simon Stevin (siglo XVI); los resultados de al-Farisí en teoría de los números con los de Descartes; los métodos de at-Tusí para la resolución numérica de las ecuaciones con el de Viète (siglo XVI), o su investigación de los máximos con la de Pierre Fermat (1601-1665); los trabajos de al-Jazin (siglo X) sobre el análisis diofántico (por las Aritméticas de Diofanto de Alejandría en el siglo III d.C.) entero con los de Bachet de Meziriac (siglo XVII), etc.



Si, por otra parte, hacemos abstracción de los trabajos de al-Jwarizmí, de Abu Kamil, de al-Karijí, entre otros, ¿cómo comprender la obra de Leonardo de Pisa (Leonardo Fibonacci, siglos XII-XIII) y la de los matemáticos italianos, así como las matemáticas más tardías del siglo XVII? Existe ciertamente una ruptura con esa matemática; en efecto, las postrimerías del siglo XVII se caracterizan por la aparición de nuevos métodos y de nuevas regiones matemáticas en Europa. Sin embargo, la ruptura no fue necesariamente repentina y no se produjo simultáneamente en todas las disciplinas. Por otra parte, rara vez las líneas de separación esquivan a los autores, pero a menudo atraviesan las obras. En el ámbito de la teoría de los números, por ejemplo, la novedad no se traduce, como se ha sostenido en el empleo de métodos algebraicos por Descartes y Fermat, los cuales, procediendo así, no hacían más que volver a los resultados de al-Farisí. Es más bien dentro de la obra de Fermat donde puede observarse una ruptura, con la invención del método de "descenso infinito" y el estudio de ciertas formas cuadráticas, hacia 1640. Algo muy distinto ocurre con el capítulo sobre la construcción geométrica de las ecuaciones, iniciado por al-Jaiám, proseguido por (Sharafuddín) at-Tusí, enriquecido por Descartes y retomado por muchos otros matemáticos hasta fines del siglo XVII, incluso mediados del siglo siguiente. Es realmente a partir del final de la primera parte del siglo XVII cuando se producen los entrelazamientos y se localizan las principales rupturas. La contribución de los matemáticos árabes se inserta en una configuración coherente, llamémosla matemáticas clásicas, que se desarrolla entre el siglo IX y la primera mitad del siglo XVII».

R.H. Shamsuddín Elía Profesor del Instituto Argentino de Cultura Islámica

lunes, 1 de febrero de 2016

ALQUIMIA: EL ARCHÉ

Para crear los cuerpos internos es necesario un pequeño artificio, que es a la vez, el secretum secretorum de los antiguos alquimistas. Este secretum secretorum es el Arcano A.Z.F., que puede resumirse así: “Conexión sexual sin derrame seminal, sin eyaculación del “Ens Seminis.” Así se transmuta el “Ens Seminis” en energía creadora. 

 En Alquimia existen tres clases de Mercurio: 
1— El Azogue en bruto o sea el Hexiohehary o esperma sagrado. 
2— El alma metálica del esperma, que es el resultado de la transmutación de la libido. Esa alma metálica, es energía creadora que asciende por los cordones ganglionares espinales hasta el cerebro.
3— El Mercurio que ha sido fecundado por el Azufre. En Alquimia, el Azufre es el Fuego Sagrado. 

 El Mercurio fecundado por el Azufre, el tercer Mercurio, es el más refinado y el más importante, es lo que llamaríamos el Arché, en griego. De ese tercer Mercurio salen los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser. También encontramos el Arché en el Macrocosmos, que es el Arché Macrocósmico. Ese Arché Macrocósmico es la nebulosa de donde salen los mundos. 

¿Qué es la nebulosa? 
Es el Arché Macrocósmico, es una mezcla de Sal, Azufre y Mercurio. La sal es el espíritu. La sal está contenida en el esperma sagrado y se sublima con la transmutación. De manera que en el Arché del Microcosmos hay también Sal. Azufre y Mercurio. La sal está contenida en las secreciones sexuales, mas lo que pasa es que necesita sublimaciones, de manera que cuando se realizan las transmutaciones, también se transmuta la Sal. En el Arché del Microcosmos, de donde salen los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser, hay Sal, Azufre y Mercurio y en el Arché del Macrocosmos también hay Sal, Azufre y Mercurio. De la nebulosa, del Arché Macrocósmico, de allí, salen las unidades cósmicas, los mundos. Aquí abajo es igual que arriba, para que los mundos salgan se necesita la nebulosa, y para que eso suceda se necesita la materia prima que es el Arché, que es una mezcla de Sal, Azufre y Mercurio. Abajo, en el Microcosmos, también hay que elaborar primero la nebulosa con Sal, Azufre y Mercurio, y de ella surge, como allá arriba los mundos, los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser. Lo que El Gran Arquitecto del Universo hizo en el Macrocosmos, nosotros lo tenemos que hacer aquí en pequeño, porque “tal como es arriba es abajo”. Así es como vienen a surgir los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser. De manera que se necesita crear en nosotros el Arché. El Arché es Sal, más Azufre, más Mercurio. Tanto arriba como abajo. Creando el Arché vienen a cristalizar en los cuerpos Físico, el Astral, el Mental y el Causal. Con el tercer Mercurio, que es el Arché, es con el que se fabrican los Cuerpos Solares. Nosotros los estudiamos bajo el punto de vista alquimista, a la luz de la meditación para llegar a comprenderlo mejor. El que ha fabricado los cuerpos, tiene después que perfeccionarlos. Para que esos cuerpos se perfeccionen, se necesita forzosamente eliminar el “mercurio seco” que no es otra cosa que los “Yoes”, si uno no elimina los “Yoes”, los Cuerpos Existenciales no se perfeccionan y los cuerpos que no se perfeccionan no pueden ser recubiertos por las distintas partes del Ser. Para que los cuerpos puedan ser recubiertos por las distintas partes del Ser, deben perfeccionarse, convertirse en vehículos de oro puro. Pero, no podrían esos vehículos convertirse en instrumentos de oro puro sino se eliminaran el “mercurio seco” y el “azufre arsenicado”. ¿Cuál es el mercurio seco? Los “Yoes”. ¿Cuál es el azufre arsenicado? Pues el “fuego bestial, de los infiernos atómicos del hombre”. Ese fuego corresponde al abominable “órgano Kundartiguador” (o Cola de Satán). Hay que eliminar el mercurio seco y el azufre arsenicado para que los cuerpos existenciales superiores del Ser, creados por el Arché de la Alquimia, puedan convertirse en vehículos de oro puro de la mejor calidad. Esos vehículos de oro puro pueden ser recubiertos por las distintas partes del Ser, y allí, al fin, todos ellos, penetrándose y compenetrándose mutuamente sin interferirse, vienen a servir de envoltorio a nuestro Rey, nuestro Cristo Íntimo. El se levanta de su sepulcro en el instante que hay un envoltorio de esa clase y se recubre con ese envoltorio para manifestarse aquí, a través de los sentidos, y trabajar por la Humanidad doliente, así es como el Señor viene a la vida, surge a la existencia el Cristo cósmico, o sea, el Magnés Interior de la Alquimia.



¿Cuál es la Piedra Filosofal? 
La Piedra Filosofal es el Cristo Intimo vestido con sus Cuerpos de Oro. Esa envoltura de oro, formada por los cuerpos, es en lenguaje sánscrito, el To-Soma-Heliakon, el Cuerpo de Oro del Hombre solar. Cuando uno posee la Piedra Filosofal tiene poder entero sobre toda la Naturaleza. La Naturaleza le sabe obedecer, posee el Elixir de la larga Vida, puede conservar el Cuerpo Físico durante millones de años. De manera que ese es el camino, el camino está en la simiente y nada más. Dentro del organismo humano suceden cosas interesantes. Como los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser no son otra cosa que Mercurio fecundado por el Azufre, en esos cuerpos de Mercurio, tiene que aparecer entonces el oro. Pero, ¿quién podría fijar los átomos de oro en el Mercurio? No podrían ser fijados sino con un artífice, que no es otra cosa que el famoso Antimonio de la Alquimia. El Antimonio, en realidad, no es un metal desconocido en Química, pero, en Alquimia, es una de las partes de nuestro Ser. Esa parte de nuestro Ser sabe fijar los átomos de oro en nuestros cuerpos de Mercurio. Así, esos cuerpos de Mercurio, vienen a convertirse en Cuerpos de Oro Puro de la mejor calidad. Cuando uno posee los Cuerpos de Oro Puro, recibe la Espada de Oro. Ya se es un arcángel, con espada de oro puro de la mejor calidad, una espada que se revuelve amenazadora lanzando fuertes llamas. La espada de los arcángeles. Así que bien vale la pena, pues, fijar los átomos de oro en el Mercurio y todo esto se puede lograr a condición de eliminar el mercurio seco y el azufre arsenicado. Si alguien no elimina el mercurio seco y el azufre arsenicado sencillamente, no logra perfeccionar sus cuerpos y hacerlos de oro de la mejor calidad. Así, pues, todo el secreto de la Gran Obra, consiste en saber fabricar el Mercurio hasta crear el Arché, la nebulosa intima y particular de donde han de surgir nuestros distintos Cuerpos Celestiales como también enseña San Pablo.

Fuente:
ASOCIACIÓN DE CENTROS DE ESTUDIOS GNÓSTICOS, ANTROPOLÓGICOS, PSICOLÓGICOS Y CULTURALES A. C. Matrícula Cámara de Comercio S0-500484 de 2004 Personería jurídica 1294 de 1990. NIT. 800-160659-0 WEB : www.acegap.org